Por Esc. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU
Los judíos sefarditas llamados “Portugueses” llegaron a Hamburgo hacia finales del siglo XVI. Pronto aprendieron a hablar el alemán pero mantuvieron dentro de la comunidad el idioma portugués. En 1612, pagando una cifra importante, consiguieron permiso del Senado de Hamburgo para vivir en la ciudad. Una de las primeras cosas que hicieron fue comprar terrenos para un cementerio judío en Altona, en ese entonces perteneciente al reino de Dinamarca, a quince kilómetros de Hamburgo. Foto: Cementerio Judío de Altona (Fuente: Judischer Friedhof/Tripadvisor)
En 1492 por decreto de los reyes Fernando e Isabel, los judíos de sus dominios (entre ellos Castilla, Aragón, Sicilia) tuvieron que elegir entre convertirse al catolicismo o irse de España. Algunos se convirtieron en católicos y se quedaron donde estaban, muchos se fueron hacia el Este, principalmente a Grecia, el imperio turco, y algunos lugares sobre el Mediterráneo oriental, (Belgrado, Marruecos, Argelia, Túnez, algunas ciudades de Italia) donde en general, vivieron como judíos. Buena cantidad se refugiaron en Portugal, donde vivieron declaradamente como judíos hasta que en 1497 el Rey don Manuel les obligó nuevamente a elegir entre conversión o muerte. Muchos judíos de Portugal se convirtieron en ese entonces en cristianos nuevos pero siguieron viviendo donde estaban y practicando un judaísmo oculto y a puertas cerradas sin que los molestaran. Cuarenta años más tarde, en 1536 la situación cambió cuando Portugal creó los Tribunales de la Inquisición. La Inquisición quemaba en la hoguera a los nuevos conversos que practicaban algún rito hebreo, esto los empujó a escapar de Portugal. Hacia mitad del siglo XVI los criptojudíos “portugueses” se instalaron en algunas ciudades de Europa Occidental: Amsterdam, Hamburgo, el Noreste de Francia, para poder vivir abiertamente como judíos. Tengamos presente que estos inmigrantes habían nacido y crecido con la educación cristiana de Portugal y el claro mandato de sus padres y abuelos, de tratar de lograr lo que ellos no habían podido cumplir: volver a vivir según la Fe hebrea de sus antecesores.
La generación de judíos que habían estudiado en su juventud las fuentes de Ley hebrea murió en España y Portugal, sin poder dejar escrito testimonio alguno de las fuentes hebreas. La sola presencia de un libro de rezos o un texto de Talmud o de comentarios rabínicos en una casa de cristianos nuevos, hubiera sido suficiente para hacer quemar vivos en la hoguera a todos los habitantes de la casa. A los descendientes de estos nuevos cristianos la Inquisición les impidió practicar el judaísmo y no pudieron acceder a ningún texto de Ley Hebrea. A mediados del siglo XVI estos criptojudíos volvieron a la fe que sus ancestros habían practicado dos o tres generaciones atrás. Tenían una identidad judía precaria, en conflicto con una educación católica que tampoco sentían suya. Algunos de estos descendientes de conversos integraron la comunidad de “judíos portugueses” en Hamburgo y Amsterdam, otros se convirtieron en cristianos protestantes, luteranos o calvinistas y también hubo quienes permanecieron al margen, como judíos sin sinagoga, que se negaban a rezar y tampoco aceptaban la autoridad a los rabinos, ni querían estudiar la Ley Hebrea. Los episodios más dramáticos de estos librepensadores son los de Uriel Da Costa (Portugal 1585 – Amsterdam 1640) y Baruch Spinoza. (Holanda 1632 – 1677). En ese entonces las comunidades judías sefarditas establecidas los declararon herejes y les dieron el jerem (excomunión). Expulsados de la comunidad, no les permitieron ni siquiera ser enterrados en cementerio judío. Da para reflexionar que si Uriel Da Costa y Baruch Spinoza hubieran vivido hoy en el siglo XXI, serían respetados y admirados en todos lados, estarían enseñando filosofía en las Universidades y dando conferencias.
Hamburgo era en ese entonces una “Ciudad imperial libre” es decir autónoma, formalmente bajo dominio del Emperador y desde el siglo XIII integrada a la Liga Hanseática. Los registros de la comunidad sefardí de Hamburgo que se han encontrado son del período de 1652 a 1682. Las actas de esos 30 años dejan ver que los judíos sefarditas en Hamburgo no se casaban con los judíos ashkenazíes (de Alemania), a los que llamaban “tedescos”, ni de Polonia y Lituania, a los que llamaban “polacos”. Los historiadores dicen que las parejas “mixtas” de judíos sefarditas y ashkenazíes, prácticamente no existían.
Los judíos sefarditas llamados “Portugueses” llegaron a Hamburgo hacia finales del siglo XVI. Pronto aprendieron a hablar el alemán pero mantuvieron dentro de la comunidad el idioma portugués. En 1612, pagando una cifra importante, consiguieron permiso del Senado de Hamburgo para vivir en la ciudad. Una de las primeras cosas que hicieron fue comprar terrenos para un cementerio judío en Altona, en ese entonces perteneciente al reino de Dinamarca, a quince kilómetros de Hamburgo. 1
El permiso de residencia a estos judíos sefarditas era bastante amplio, les autorizaba a ejercer el comercio mayorista, el comercio internacional, la banca y varios oficios. Una “rolla” (lista) de ese tiempo enumera la comunidad: 125 judíos adultos además de niños y sirvientes. Había entre ellos “barberos expertos en el arte de curar, poetas, rabinos, artesanos, comerciantes”. Al principio no se les permitía la práctica pública de su religión pero sí, pudieron tener un pequeño lugar de estudio y culto, un “Talmud Torá”, dentro de una casa particular, que era de Elijah Aboab Cardoso. El emperador Ferdinando II de Habsburgo, que era católico, llamó a esa habitación “Sinagoga” y se quejó al Senado de la ciudad. En Hamburgo la población era de religión protestante y los católicos no estaban autorizados a construir una Iglesia en aquella época. ¿por qué acordar a los judíos derecho a tener Sinagoga ?
Pero a pesar de su protesta y los discursos violentos del clero luterano y calvinista, el Senado de Hamburgo continuó protegiendo a los “judíos portugueses”. En 1617 consiguieron el derecho a designar cuatro integrantes en la Bolsa de Valores de Hamburgo. Se levantaron tres pequeñas sinagogas sefarditas. Treinta y cinco años más tarde, en 1652, todos los sefarditas se unieron en una sola congregación, con una gran sinagoga.
La comunidad judía ashkenazy (de habla alemana) llegó a Hamburgo a mediados del siglo XVII, a cambio de un pago de dinero. Hablaban alemán en la ciudad y dentro de su casa y su comunidad, el alemán medieval mezclado con algo así como treinta por ciento de palabras hebreas y arameas, ese idioma se llama Idish, era un idish primitivo. No recibieron autorización para tantas actividades como los sefarditas, los ashkenazim recibieron permiso para comprar y vender mercaderías usadas y ser prestamistas. No les permitieron ingresar a los oficios. Pudieron mantener su Sinagoga y establecer yeshiva (academia de estudios de Talmud).
Junto a libros de historia encontramos un libro testimonial de la comunidad judía de Hamburgo en los fines del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. Las “Memorias” de Gluckel de Hamelin. El primer libro en idioma idish escrito por una mujer. Del libro de Gluckl de Hamelin surgen datos que no figuran en las actas oficiales y prueban que ashkenazim y sefardim de la ciudad no se casaban entre sí pero estaban en muy buenas relaciones. Como ejemplo, Gluckl confía en los médicos Lopes y Fonseca, dos judíos “portugueses” para que alivien a su marido en sus últimas horas.
Gluckl dedica sus memorias a sus hijos y les cuenta la vida diaria de la ciudad. Entre tantos relatos, aquí leemos cómo reaccionan los judíos de Hamburgo y localidades vecinas, tanto sefardim como ashkenazim, bajo la influencia del falso Mesías Shabetai Zvi. Shabetai nació en 1626, en Esmirna, Turquía. Se convenció a si mismo de que era el Mesías anunciado por la tradición hebrea y casi todos los judíos de su tiempo también lo creyeron. Vendieron o regalaron sus bienes porque entendieron que con la llegada del Mesías los bienes terrenales ya no tenían importancia. Nadie se preocupó de arreglar las casas. Dejaron de trabajar, aprontaron comida y botellones de agua para el camino y se sentaron a esperar el anuncio de la llegada del tan esperado Mesías para viajar a la Tierra de Israel.
Quienes recibían en Hamburgo cartas con noticias de Shabetai desde Esmirna eran los sefardim, que tenían parientes en Turquía. Las cartas llegaban escritas en idioma portugués. En cuanto llegaba carta la mandaban a leer a su Sinagoga. También los judíos ashkenazim eran invitados a venir y allí, a la Sinagoga sefardí, iban todos juntos. La gente se vestía de fiesta para ir a escuchar la lectura y traducción de esas cartas al idioma alemán, todos se abrazaban y lloraban de emoción. Así fue a lo largo de un año aproximadamente, de 1665 a 1666, hasta que llegaron desde Turquía las noticias de que Shabetai se habia convertido al Islam, se casó con una bella mujer y quedó viviendo bajo la protección del sultán turco. (Sólo poco tiempo se quedó allí, pronto tuvo que irse y acabó sus días como refugiado en Montenegro). Las cartas seguían llegando desde Turquía a los sefardim de Hamburgo, contando la misma desesperación de todos los que habían creído en el falso Mesías. El sueño mesiánico de Shabetai destrozó la vida de los judíos que creyeron en él.
¿Qué ha quedado hasta hoy de esos primeros judíos de la ciudad de Hamburgo? El cementerio judío. Al lote inicial comprado en Altona en 1612 se agregaron después más terrenos contiguos y se separaron tres secciones. Una sección para los sefardim de Hamburgo, otra sección para los ashkenazim de Hamburgo y la tercera para judíos de otras ciudades de Alemania. Hasta hoy se distinguen las tumbas, porque los askenazim tienen lápidas verticales, mientras que las sefardíes son lápidas horizontales, siguiendo la costumbre de la península ibérica. 2
Las “Memorias” de Gluckel de Hamelin fue traducido al alemán, tuvo dos traducciones al hebreo. 3 Libro muy poco conocido en América latina porque no ha sido traducido al español y las traducciones al inglés, francés y holandés son parciales. Una traducción al idish moderno fue publicada en Buenos Aires en 1962 como el Tomo 26 de la Colección de Obras Maestras de la Literatura Idish del IWO, Instituto científico judío. Ese es el libro al que he tenido acceso, lo leí con mi marido, él conocía el idish mucho mejor que yo. Amazon está ofreciendo ahora una nueva traducción al inglés, tendremos que verla. Hay muchas más historias en el libro de Gluckel de Hamelin, serán para otra nota.
1 Altona pasó a ser ciudad independiente en 1664 y desde 1937 es parte de Hamburgo
2 Ese cementerio fue usado hasta 1871 por los ashkenazim y hasta 1877 por los sefardim, porque una ley de 1869 prohibió entierros dentro de la ciudad y todos los cementerios se instalaron fuera del area urbana.
3 La primer traducción al hebreo de Gluckl de Hamelin fue la de Rabinovitz en 1929, la segunda de Chava Turniansky en el 2004. Esta última tiene la particularidad de ser traducción carilla por carilla con el texto en hebreo a un lado y en idish original del siglo XVII al otro lado.